El mantenimiento de los frenos para bicicleta es fundamental para asegurar la potencia de frenado, y la sensación de seguridad en los recorridos. Sin importar el tipo de freno –convencional o de disco-, es necesario saber identificar en qué momento resulta preciso cambiarlos.

Los frenos tradicionales son los más utilizados porque tienen menor peso, mayor rapidez de regulación, el cambio de rueda es más sencillo, y presentan buen comportamiento mientras la pista esté seca.

Los de disco aparecieron hace pocos años en el mercado y aún muchas personas se resisten a utilizarlos, aunque estos permiten frenar más rápido con menor esfuerzo y tener mejor control de la bicicleta.

Para entender la diferencia entre ambos tipos de frenos, te recomendamos leer este artículo que relata la experiencia de dos ciclistas usándolos al mismo tiempo y en iguales condiciones.

Señales que indican cuándo se deben cambiar los frenos para bicicleta

En términos generales, se podría decir que es necesario sustituir los frenos para bicicleta cada 3 meses. Sin embargo, es recomendable revisar el sistema al menos una vez al mes, y así prevenir daños irreversibles en los componentes, o accidentes al manejar.

Hay varios factores que deben tomarse en cuenta. El primero es, sin duda, la frecuencia de uso. Además, si al frenar la bicicleta hace más ruido de lo normal, se siente que la potencia de frenada ha bajado o se escucha un chirrido. En ese caso es probable que las pastillas de los frenos estén gastadas y sea necesario sustituirlas

Muchos piensan que por la dureza del material con el que son fabricados, los discos no sufrirán daños y no será necesario reponerlos por unos nuevos. Si bien el uso adecuado favorece la vida útil del disco, el mal mantenimiento puede provocar desgaste o deformación, poniendo en riesgo la seguridad al montar bicicleta.

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Señales que indican cuándo los discos de freno están desgastados 

  • Si aparecen rayas o surcos en la superficie de frenado del disco. Estas se generan por apurar muchos las pastillas de freno y terminar frenando con la base metálica de ellas. 

 

  • Cuando el grosor del disco disminuye. El acero del disco se va comiendo por el contacto con las pastillas, aún más rápido si son de compuesto metálico. Esto se puede observar a simple vista o usando un calibre: si el grosor del disco está en 1´5 mm debe cambiarse. 

 

  • Si el disco está doblado, bien sea por un golpe de un objeto exterior o por una sobre calentura de frenado. Dependiendo de lo doblado que esté, se puede intentar reparar en vez de sustituirlo.

 

  • Cuando el disco está quemado o ennegrecido puede reducir la frenada. Pero tiene que ser una quemada extrema para que realmente se tenga que cambiar. Se puede limpiar con goma abrasiva y limpiador de discos; también con una lija muy fina de agua, cuidando no rayarlo.

Para ampliar la información sobre los puntos indicados más arriba sobre los frenos para bicicleta, te invitamos a leer aquí.